Sus ojos se abrieron aunque en lo profundo todo era penumbra y sus fluidos internos comenzaron nuevamente a distribuirse por su horrenda anatomía, alienígena, de espanto. Reptaban, nadaban, flotaban y marchaban hacia los ingenios subacuáticos que, al igual que ellos, habían descansado en lo profundo por larguísimos siglos; los abordaron, la directiva era clara, la invasión estaba vigente.

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