ARJ
En el monitor, el parser parpadea ansioso a la espera de nuevas órdenes para ejecutar, el sistema, implacable, me rechaza todas las líneas de comando que le propongo, Robert Jung me la está complicando y con cada sucesivo fracaso mis chances de develar el destino de la Atlántida se alejan más y más, frustración creciente.
Mientras sufro mi abuela prepara en la cocina unas albóndigas perfectas, que serán irreproducibles una vez que ella ya no esté entre nosotros. Afuera hace un lindo día de sábado por la mañana, fresco y soleado. Adentro el clima está un poco más turbio, puteadas, golpes en el teclado, frustración creciente.
No sé cómo pero consigo desplegar el menú de opciones, de a poco voy descifrando los comandos y el orden correcto en el que debo tipearlos. Varios fracasos después doy con la secuencia correcta: arj e -t atlantis.arj. Se desata un reacción en cadena, los archivos comienzan a escapar de su prisión y se dejan ver en el monitor, fluyen verticalmente. Pasan unos segundos... el sistema vuelve a estar en stand by.
Llega el momento de la verdad, si conseguí ubicar los archivos en el orden correcto tendré una gran aventura, con nazis de Hollywood y una linda pelirroja a mi lado, no será fácil pero la pasaremos muy bien. Ejecuto el exe... la pantalla en negro, silencio tenso, oigo el ventilador del CPU girar perezosamente, el rígido se queja, rezonga como un chancho analógico y cuando estoy empezando a frustrarme surge lentamente del fondo de los speakers el glorioso sonido de los discos solares girando, uno sobre el otro. Sus figuras crípticas no me asustan tengo fotocopia de las claves, he triunfado."

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